EL COSTO DEL DISCIPULADO

El costo del discipulado. Por Dietrich Bonhoeffer
La obra más famosa de Bonhoeffer es El costo del discipulado, publicado inicialmente en 1939. Este libro es una exposición e interpretación rigurosa del Sermón del Monte y Mateo 9:35-10:42. La mayor preocupación del Bonhoeffer es la gracia barata. Esta es una gracia que ha sido tan diluida que ya no se asemeja a la gracia del Nuevo Testamento, la gracia costosa de los Evangelios. Con la expresión gracia barata, Bonhoeffer significa la gracia que ha traído caos y destrucción; es el asentimiento intelectual a una doctrina sin una verdadera transformación en la vida del pecador. Es la justificación del pecador sin las obras que deben acompañar el nuevo nacimiento. Bonhoeffer dice de la gracia barata:
“Es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión, la absolución sin la confesión personal. La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado”. La verdadera gracia, según Bonhoeffer, es una gracia que le costará la vida a un hombre. Es la gracia hecha costosa por la vida de Cristo, que fue sacrificada para comprar la redención del hombre. La gracia barata surgió del deseo del hombre de ser salvado, pero sin convertirse en discípulo. El sistema doctrinal de la iglesia, con sus listas de códigos de comportamiento, se convierte en un sustituto para el Cristo Vivo, y esto abarata el significado del discipulado. El verdadero creyente debe resistir la gracia barata e ingresar a la vida de discipulado activo. La fe ya no puede significar quedarse quieto y esperar; el cristiano debe levantarse y seguir a Cristo.
Es aquí donde Bonhoeffer hace uno de sus reclamos más perdurables sobre la vida del verdadero cristiano. Escribe que “sólo el que cree es obediente, y sólo el que es obediente cree”. Los hombres se han vuelto blandos y complacientes en la gracia barata y, por lo tanto, están aislados de la gracia más costosa de la abnegación y la humillación personal. Bonhoeffer creía que la enseñanza de la gracia barata provocaba la ruina de más cristianos que cualquier mandamiento de realizar obras. El discipulado, para Bonhoeffer, significa una adhesión estricta a Cristo y a sus mandamientos. Es, también, una estricta adhesión a Cristo como el objeto de nuestra fe. Bonhoeffer discute esta firme obediencia en el capítulo tres de El costo del discipulado. En este capítulo, el llamado de Leví y de Pedro se usa para ilustrar la respuesta adecuada del creyente al llamado de Cristo y el evangelio. El único requisito que entendieron estos hombres fue que, en cada caso, el llamado era confiar en la palabra de Dios y aferrarse a ella como algo que ofrece una mayor seguridad que todas las seguridades del mundo. En el capítulo 19 del Evangelio de Mateo, tenemos la historia del joven rico que pregunta acerca de la salvación, al que Cristo le dice que debe vender todas sus posesiones, tomar su cruz y seguirlo. Bonhoeffer enfatiza la perplejidad de los discípulos que preguntan: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” La respuesta que reciben es que es sumamente difícil ser salvo, pero que con Dios todas las cosas son posibles.